
¿Por qué yo, por qué yo?? Quién quiere dientes en su conciencia, quién quiere el frío calando la médula de sus huesos. Aterido y atemperado a un clima que hace hervir mis entrañas. Hiervo de frío, hiervo de frío. Y la realidad se mofa de mis asuntos y me escupe en la cara. Otra vez las preguntas existencialistas han recalado y danzan estrepitosamente sobre la superficie roída de mi corazón. Bajo al infierno a buscar ayuda y el diablo se ha ido de paseo. ¿Dónde está el mal, entonces, que tanto creí dominar? Dios es bueno, infinitamente bueno. Pero mi alma negra está perfectamente pulida con la cera de su justicia. Cada quién tiene lo suyo y mi conciencia está pagando mis deudas. ¿Por qué precisamente ella? Dios debería perdonarme, hacerme fluir por entre sus bendiciones. Quiero arrepentirme de mis procacidades, quiero interferir en mi propio destino. Y sin embargo, mi boca gesta atrocidades y mi vida se mece en los lindes de la inconsciencia. Otro, otro, otro más y la soledad se hace más dantesca, terriblemente placentera y yo sigo deseando otro cigarrillo. Quiero fundirme en ese humo azulado, quiero que me estrechen contra el suelo y me den un fuerte pisotón y que apaguen el fuego de mi conciencia. ¡Me quema, me quema, me quema!!!!!!! Quiero ir, quiero huir, quiero difuminar mis contornos y perderme en mis ansias de conocimiento prematuro. ¿Qué importa si la verdad es más grande que mi capacidad de comprensión? Mi capacidad de asombro me resta, me basta, me sobra. Aquí hablo yo, el que se admira del color de una moneda brillante y de la magnificencia de unos ojos hermosos. Miro la grandeza de un grano de arena y no hay diamante que le tenga parangón. Ardo, ardo como es debido… ¿anda, demonio? El demonio salió a pasear, fue a visitar a su novia, la muerte. Y ella, por lo que me he enterado, le ha mandado al diablo. Le ha escupido en la cara su dulzura, sus capas enteras de bondad y piadosa contextura. Y él me ha llamado, por eso he venido. Él se siente solo, él está tan solo como yo. Sólo que él no lo disfruta, él arde en millares y millares de ciudades en ruinas con la compañía de almas grotescas, impías, tan estúpidamente incompatibles con su capacidad de comprensión.
Pero que venga Dios, se siente en mis rodillas y me explique por qué, cuando menciono su nombre, algo en mí se retuerce, como cuando aplican sal al lomo flemoso de una sanguijuela. ME duele su nombre porque todavía lo amo: amo el hecho de haberme abandonado en mis primeros pasos y de haber escupido en la cara, como la muerte escupió la cara de diablo. Y mis filosofías de vida fueron las mentiras y mi cuna ha guarnecido las desgracias de una muerte incruenta, de una conciencia cuyas deyecciones han sabido suplir a la perfección el cerebro vil, humano, vilmente humano que he debido tener.
No quiero detenerme: son mis dedos grandes cañones y por ellos yo disparo la mierda más exquisita, la pólvora más apestosa. Quiero ver las curvaturas de la vida, quiero ver la grandeza en los ojos de la gente. Quiero comprenderlas, quiero amarlas, quiero vislumbrar en sus caminos el fuego que corroe mis entrañas, los dientes afilados y perforadores que posee mi conciencia. Pero dios no existe, dios no existió: ha muerto cuando mi conciencia dio un mordisco a mi corazón.
Y aquí va de nuevo los sentimientos excelsos de la literatura. Subo, bajo. Me alzó, camino enhiesto y observo con altruismo las desgracias perennes ceñidas al cinturón de la vida. Me duele, me duele, quiero ser yo mismo y, cuando lo logro, me doy cuenta de que jamás puedo lograrlo: yo mismo no soy yo mismo. Yo soy otra persona, alguien cuya amistad pertenece a lo bueno y esto ha logrado engañar a su cerebro. Mi cerebro, ese órgano palpitante que eriza los vellos de mi nuca, que despierta una erección cuando el cuerpo bien torneado de la vida me dice que las circunstancias escupen azufre… y que eso debe agradarme. ¿Dónde está Vivaldi y su invierno? ¿Dónde está Guido Reni y la cabeza de su Cristo crucificado? Yo se los diré: están en el infierno. Allí, el diablo no es indiferente: su astucia le prohíbe ser una bestia. Más bien Dios ha sido quien ha soslayado la capacidad de los humanos. Unos gusanos que él abandonó millones y millones de temporadas atrás y que ahora son mariposas hermosas: ciertamente, no todas. Una que otra millonada de polillas asquerosas y escalofriantes pero que, a su vez, resaltan la belleza de las alas de las otras. Él sí que escatimó sus centavos de conciencia pero ahora, cerca del fin del mundo, y como él inspiró al pescador iletrado a escribir un libro voluminoso, como él dio a luz unos ojos otrora ciegos, así ahora me río del génesis impío y mi demonio ha creado un nuevo infierno: bienvenido seáis, dios mío, ven i convierte lo irrisorio de esas mariposas en la tragedia que a tus hijos les gusta germinar. Convierte mi vida en un sacrilegio, mis diversiones en pecados y frustra mis deseos de salir de mi credo. Tú te divertirás; yo, te lo agradeceré.
Eres el cancer de este sistema.
ResponderEliminardebo sentirme orgulloso? xD
ResponderEliminarEs un halago.
ResponderEliminarMe llamo bárbara y vivo en lima...
nuncalo vi d otro modo.
ResponderEliminarMe llamo andres y vivo en Lima.
He leído tus publicaciones... y me preguntoqué tienes en la cabeza. Me encantó.
Son mejores las tuyas, creéme.
ResponderEliminarfalsa modestia... mi abuela siempre dijo que la falsa modestia encierra medio pecado de orgullo :D
ResponderEliminarEstoy siendo sincera.
ResponderEliminarEs mala, mi escritura.