
Que la nada se esfume y me deje solo. Ya nada basta para complacer mis ansias de soledad. ¿Quién sabe qué es el mañana? Vendrá y será el hoy y no tardará en ser el pasado. Mira mis espaldas y otea sus contornos alados. ¡Estoy volando! ¿Quién dijo que nadie puede viajar en el tiempo? Lo hago todos y cada uno de mis días y, créanme… atrás y adelante es todo igual. Uno podrá ver más cosas y saber más y jamás será suficiente el hecho de conocer tanto puesto que la comprensión no es algo inmanente a la noción. Unas ansias demoledoras aplastan mis instantes. Estoy sumamente nervioso. ¡Ese soy yo! Nada me alcanza, todo me sobra. Podría prescindir de la vida pero jamás de las ganas de vivir. ¿Es comprensible? No lo creo, lo pongo en duda. No obstante, está aquí, en mi pecho, latiendo con una avidez loca, como si la idea pudiese ser tan descabellada como para pertenecer a la realidad… pero dale, suena Vivaldi y que la tensión de tu violín me lleve hasta el límite, que me muestre sus contornos umbrosos. Yo sólo quiero ser yo, ¿es tanto pedir? Estoy convencido que sí, nada más difícil que eso.
Hace poco conocí el amor y me pareció tan abominable. Uno hesita entre entregarlo todo y ceder nada. Yo soy egoísta, ellos me creen inteligente. ¡Inteligente! ¡Bah…! Pero lo he visto y su risa es un relieve hiriente en la superficie de mi conciencia. Quiero verlo de nuevo, quiero que sea mío. Pero nada tan difícil como ser yo mismo y eso… eso ya es pedir demasiado. ¿O me equivoco? Por qué, entonces, cuando me habla, siento que yo no soy yo, siento que es el momento perfecto, que sólo la nada puede ser mejor que esto… que sólo el caos puede gestar algo tan excelso y prodigioso. ¡Mayestáticos! Sí, es eso lo que son. Esos ojos son mis dueños. Debo mi lengua a su existencia. Una delicia terrenal alada con plumas de miel y una risa tan suave… es un candil ardiendo con aceite de amor. Y cuando respira y cuando suspira… ¡Oh, demonio! Qué bordes tan suaves tienen sus labios y la magia de su encanto es un puñal lubricado con magia. ¡Magia! Yo nunca creí en ella. Para mí todo tiene una explicación. Sin embargo, si la desconozco es como si no la tuviera. Da lo mismo. De todos modos, ya he renunciado a las ganas de comprenderlo todo.
Me encanta
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