miércoles, 27 de mayo de 2009

Otra vez la noche ha sucedido al día y las nubes empañanel resplandor de las esttrellas. Es como si el tiempo sugierese con una voz tan trémula como falaz que las cosas nunca cambiarán, que es suficiente el hecho de atisbar el cielo y comprobar una vez más que el sol está allí como ayer, como hoy, como mañana... como todo el tiempo antes de nosotros. Sin embargo, bajo la mirada y oteo mi alredor. Nada más triste y tan dantescamente aterrador como comprobar que el tipo que ayer fue niño deambula como un hombre sobre la lóbrega faz del tiempo. No, no es correcto. Es el tiempo quien cabalga sobre su faz indefensa.
Yo los veo caminar y moverse, desperándose por vivir cada instante como si fuese lo único realmente trascendente. Qué de inocencias arrasadas por el tiempo y qué alas enormes las que brotan de sus espaldas...

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